
Para compensar su reducida edad y estatura su abuela le regaló una silla azul que vendían en una floristería un día nublado de octubre,aun de mayor seguía utlizándola eventualmente...A pesar de ser más altos y astutos siempre hay sitios a los que deseamos llegar.
Antes de comenzar el ciclo de fotografía siempre me llamaron la atencion la memoria de los objetos,las circunstancias que habian llevado a aquella silla a estar perenne en el paisaje a través de la ventanilla de cualquier coche rumbo a cualquier parte,quién se habría sentado allí,que sentimientos habrían cruzado su ser mientras reposaba en ella o que actos mundanos habria ejecutado usándola...escribir,pegar sellos o recortar fotografias de esos sitios que todos soñamos visitar de las revistas.
Pero al estudiar,ver y comprender el trabajo de otras personas con las mismas inquietudes mi visión se ha enriquecido y ampliado,antes eran ocasiones puntuales y pensamientos fugaces, ahora es algo intrínseco en mi,es curioso descubrir como algo que siempre estuvo junto a ti pasó desapercibido la mayor parte del tiempo...
El tema de los paisajes desolados,las casas abandonadas,las maderas abatidas o los sillones deshechos ha sido pensado y expuesto en multitud de ocasiones y formas,pero al contrario de lo que mucha gente siente ante el hecho de percatarse que hemos sido y somos demasiados para encontrar resquicios de originilaidad a mi me reconforta descubrir mis pensamientos,miedos,dudas y sensaciones en el trabajo de otros,me hace sentir más humana,crea un pequeño hilo de comunicación en un entorno hostil y egocentrista,reduce a lo esencial lo que fuimos,somos y seremos.
Mi mente siempre crea pequeñas historias basadas en la experiencia y la imaginación,de esa forma esos objetos desamparados traen a mi recuerdos enterrados,desterrados o felices (los más tristes).
Hay muros que son infraqueables por mucho que nos empeñemos en saltarlos.
Hay temperaturas que el cuerpo de forma natural rechaza.
Baílame el agua...